Depresión: cuando el cuerpo baja la luz.

Carmen mira hacia arriba, con un kimono rojo, entre las plantas

Quizá llevas tiempo sintiéndote apagada. Sin ganas, sin energía, como si la vida pasara al otro lado de un cristal. Y quizá te han dicho, o te has dicho, que tienes que animarte, ponerle ganas, salir de ahí.

La depresión tiene muchas caras y muchas causas, y ninguna mirada la explica entera. Quiero ofrecerte una más, la del cuerpo y el sistema nervioso, que puede convivir con cualquier diagnóstico o tratamiento que estés siguiendo.

A veces, apagarse fue la forma que encontró tu cuerpo de protegerte.

Por qué el cuerpo se apaga

Cuando el sistema nervioso sostiene demasiado durante demasiado tiempo, y no encuentra la forma de luchar ni de alejarse de lo que le duele, a veces hace algo muy antiguo: baja la intensidad. Reduce la energía, amortigua las sensaciones, se repliega. Así ahorra fuerzas y evita sentirlo todo a la vez.

En su origen, ese repliegue tiene mucho de cuidado. Lo difícil llega cuando se queda instalado y el cuerpo sigue viviendo en modo ahorro mucho después de que haya pasado la tormenta. Si quieres entender mejor ese ir y venir entre la alerta y el apagado, te lo cuento en qué es un sistema nervioso desregulado.

Qué pueden estar pidiéndote los síntomas de la depresión

El cansancio y la falta de ganas también traen información. A veces hablan de todo lo que has sostenido sin pausa, durante años. La desmotivación puede estar señalando una vida que se ha ido llenando de cosas que no te nutren. Y esa tristeza sin motivo, la que no sabes de dónde viene, a veces guarda pérdidas que nunca tuvieron espacio para doler.

Más que buscarle una explicación con la cabeza, se trata de ir acercándote con mucha suavidad a lo que hay debajo, a un ritmo que puedas sostener.

Tres formas de depresión que quizá reconozcas

A veces es la que pesa por la mañana: abres los ojos y levantarte cuesta como cargar algo que nadie más ve. A veces es una niebla en la que todo llega amortiguado, lo bueno y lo malo, como si vivieras con el volumen al mínimo.

Y a veces es la que nadie nota, lo que a menudo se llama depresión de alto funcionamiento: sigues funcionando. Trabajas, cuidas, cumples, incluso te ríes. Pero por dentro todo tiene el mismo color gris, y el disfrute parece algo que les pasa a los demás. Esa también puede ser una forma de depresión, aunque haya aprendido a no hacer ruido.

Qué hacer cuando todo pesa

Cuando todo pesa, los grandes propósitos pesan todavía más. Por eso te propongo algo muy pequeño: buscar, a lo largo del día, un instante en el que algo se sienta un poco menos gris. Puede ser el calor de una taza entre las manos, el sol en la piel, los pies apoyados en el suelo o un estiramiento lento al despertar.

No hace falta que sea agradable del todo. Basta con que sea un poco más habitable. Y si puedes, deja que alguien de confianza esté cerca, aunque no habléis de nada. A veces la compañía de otro cuerpo tranquilo ayuda al tuyo a encontrar el camino de vuelta. Pequeñas dosis de vida, repetidas con paciencia, empiezan a abrir algo.

Terapia somática para la depresión

«Anímate.» «Ponle ganas.» «Piensa en positivo.» Son frases que suelen decirse con cariño. Pero a un cuerpo que se ha replegado para protegerse pueden llegarle como una exigencia más. Y la exigencia, cuando no hay fuerzas, suele traer culpa: la sensación de estar fallando también en esto.

La terapia somática propone otro camino. En lugar de empujarte hacia arriba, acompaña a tu sistema nervioso para que, poco a poco y en un entorno seguro, vaya recuperando movimiento, energía y conexión a un ritmo que pueda sostener. A veces eso significa calma. Y a veces significa justo lo contrario: ayudar al cuerpo, con mucho cuidado, a volver a moverse. Es un proceso que se va viviendo sesión a sesión, sin tener que hacerlo sola.

Ya basta de exigirte estar bien

Nunca estuviste rota. Tienes un cuerpo que, en algún momento, bajó la luz para poder seguir, y que ahora puede descubrir, despacio, que hay espacio para volver a encenderla. Más que algo que corregir, es un proceso que acompañar.

Y ese acompañamiento (despacio, desde el cuerpo, sin prisa por que funciones como antes) es donde la vida puede empezar a volver a ti.

Si lo tuyo se parece más a un motor que no se apaga, quizá te resuene también este artículo sobre la ansiedad.

La depresión merece toda la atención y todo el cuidado. Si llevas tiempo sintiéndote así, consulta también con un profesional de la salud. La terapia somática puede caminar a su lado, no ocupar su lugar. Y si en algún momento aparecen pensamientos de hacerte daño o de no querer seguir, no esperes: en España puedes llamar al 024, gratuito, confidencial y disponible a todas horas. Si estás en otro país, contacta con los servicios de emergencia de tu zona.