Carmen sonríe a cámara asomada junto al tronco de una palmera

Soy Carmen. Y ésta es mi historia.

Si hay una frase que me ha acompañado toda la vida es esta: “hay algo malo en mí”.

Carmen entre hojas tropicales, perfil en invernadero
Carmen riendo, inclinada hacia la cámara, entre cactus

La he oído dentro de mi cabeza y la he oído, con otras palabras, en cada mujer que ha pasado por mi consulta en estos doce años.

Siempre la misma idea: que sentir tanto es un fallo. Que la tristeza, la rabia, el miedo o la necesidad son cosas que hay que corregir para poder funcionar.

Venimos de una época que nos pide vivir en una línea plana. Reguladas, productivas, agradables. Como si ser humana fuera un problema de gestión. Y en el intento de no ser “demasiado”, muchas hemos acabado avergonzándonos de lo más humano que tenemos: sentir.

Mi camino ha consistido en dejar atrás esa idea, primero en mí y después en mi trabajo. Hoy tiene un foco claro: despatologizar. Que nadie se sienta defectuosa por tener emociones que forman parte de estar viva. Que lo que sientes deje de ser un síntoma y vuelva a ser una parte de ti.

Carmen bailando entre las plantas con un kimono rojo abierto sobre un vestido negro

Cómo trabajo

Carmen entre cactus, vestido rust

Cada sesión empieza donde estás ese día, no donde deberías estar.

  1. Primero aterrizamos y miramos qué hay hoy: la tensión, la rabia, la duda, el silencio. Después seguimos al cuerpo, una sensación, un gesto, la respiración tal como está, y trabajamos con lo que pida el momento: movimiento, voz, contacto o quietud.

  2. Pero el viaje no siempre pasa solo por el cuerpo. A veces es un viaje a un paisaje interior, o entrar por lo simbólico, por la imagen que trae lo que sientes. Otras es una constelación somática, una meditación de anclaje, o construir recursos para que tu sistema tenga dónde apoyarse cuando lo necesite. Hablamos, claro, pero la conversación acompaña; quien guía es lo que sientes.

  3. Al final cerramos despacio, para que lo que se movió encuentre su sitio. Sin prisa y sin metas que cumplir. Porque no se trata de mejorar.

Se trata de recordar que nunca estuviste rota.

Carmen de espaldas abre los brazos y la tela del kimono rojo
Carmen con los brazos en alto y los ojos cerrados, sonriendo en el invernadero
Carmen sonriendo de perfil, con un jersey claro, alcanza una hoja

Por eso existe Wildbloom. Para recordarte que no hay nada malo en ti. Y que no tengas que descubrirlo sola.